La Asociación contra el Sionismo y el Racismo es una organización política y cultural cuyo objetivo es concienciar al público sobre los peligros del sionismo. Uno de sus principales propósitos es proteger a la nación frente a las amenazas del proceso de normalización. Fue fundada en 1992, y su primer presidente fue el difunto ingeniero Laith Shubeilat.
La Asociación trabaja para aumentar la conciencia pública mediante diversos medios, entre ellos estudios, investigaciones y seminarios intelectuales que revelan la verdadera naturaleza, objetivos y métodos del sionismo global, así como sus conspiraciones contra las naciones árabes e islámicas en particular, y contra la humanidad en general. Este esfuerzo está destinado a respaldar a instituciones, organizaciones y personas que resisten activamente los planes sionistas, tanto manifiestos como encubiertos.
Junta Administrativa – 16º Período:
[Detalles omitidos]
Objetivos y Métodos:
La Asociación persigue sus fines fundamentales mediante los siguientes métodos:
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Contribuir a la difusión de una cultura humanista consciente de los peligros de la ideología y los programas sionistas.
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Formar una opinión pública consciente y opuesta a los planes del sionismo global.
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Apoyar, fomentar y adoptar investigaciones, publicaciones y estudios académicos que expongan los planes sionistas y sus herramientas de implementación, colaborando con editoriales para distribuir dichos estudios en el ámbito local, regional e internacional.
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Fomentar y promover la traducción de obras relevantes publicadas en otros idiomas que sirvan a los mismos objetivos.
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Publicar boletines educativos y culturales necesarios.
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Participar en conferencias internacionales, regionales y locales relacionadas con los intereses de la Asociación.
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Tomar parte en actividades y eventos que se opongan al sionismo.
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Establecer redes de comunicación amplias con entidades públicas y oficiales para difundir conciencia, movilizar esfuerzos contra el sionismo y el racismo, y compartir información que apoye esta lucha.
Declaración Fundacional:
El 10 de noviembre de 1975, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 3379, que declaraba al sionismo como una forma de racismo. Sin embargo, el 17 de enero de 1991, bajo el pretexto de promover los esfuerzos de paz, las potencias que impulsan la llamada “legitimidad internacional” y el “nuevo orden mundial” lograron revocar dicha resolución.
Esta revocación —aunque se refería únicamente a una de las muchas facetas del sionismo— formó parte de una campaña más amplia para legitimar la entidad sionista en Palestina y su agresión psicológica, cultural, económica y colonizadora contra las naciones árabes e islámicas. Se llevó a cabo mediante el desmantelamiento de los principios fundamentales de la legitimidad internacional establecidos en la Carta de las Naciones Unidas, que establece que una paz verdadera no puede fundamentarse en el racismo, la ocupación y el robo de tierras.
Revocar la resolución que equiparaba el sionismo al racismo constituye en realidad otro crimen perpetrado por los poderes coloniales y el sionismo global. Fue un intento por distorsionar la naturaleza del conflicto existencial, recompensar al agresor y permitirle negociar sobre tierras usurpadas en nombre de la “seguridad”, ganando tiempo y recursos para facilitar la migración e integración de judíos en el ciclo productivo sionista, allanando así el camino para nuevas expansiones hacia las denominadas “fronteras bíblicas” y, eventualmente, para dominar los asuntos mundiales.
Lo más alarmante es que, mientras para otras naciones el sionismo representa oportunismo, espionaje, explotación y corrupción moral, para los árabes y musulmanes representa una amenaza directa y existencial a su supervivencia, identidad, herencia y destino.
Como respuesta a la revocación por parte de la ONU de la Resolución 3379 —producto de la presión política y el chantaje ejercidos por EE. UU. y el sionismo—, y considerando el aval estadounidense a préstamos masivos para facilitar la migración de cientos de miles de judíos de todo el mundo (especialmente de la antigua Unión Soviética) hacia los territorios ocupados, reemplazando así a los habitantes autóctonos…
Y ante la duplicidad de criterios y las políticas selectivas del llamado “nuevo orden mundial”…
Y anticipando el proceso de normalización y su impacto destructivo en el agua, la economía, el desarrollo, la cultura, el comercio, la industria, la educación, la moral y la salud en el mundo árabe e islámico…
Un grupo de jordanos tomó la iniciativa de fundar la Asociación contra el Sionismo y el Racismo, con el fin de profundizar en la conciencia ciudadana sobre las amenazas existenciales que enfrenta nuestra nación, nuestro legado y las futuras generaciones.
La Asociación está abierta a todos los ciudadanos —sin importar su afiliación política, creencias, sectas, instituciones, sindicatos u organizaciones— y busca su apoyo, respaldo y contribución seria a esta causa vital, que creemos que está a la altura de una misión sagrada.
